
Ante la muy anticipada epidemia de Dengue que asola nuestro país la Ministra de Salud sólo atinó a manifestar lacónicamente que “ … el dengue llegó para quedarse …”.
Este fatalismo esconde la más profunda ineficiencia por parte de éste gobierno para prevenir un problema que hace años se podía proveer azotaría a la Argentina. Aún hoy, se pretenden ocultar las verdaderas cifras de contagiados, lo cual torna imposible encarar políticas sanitarias lógicas, por cuanto mal se puede combatir algo que no se conoce.
Esta desesperanza, y esta completa ineptitud, contrasta profundamente con la política sanitaria encarada por el General Perón (el verdadero peronismo, no esta versión devaluada), por intermedio de su Ministro de Salud, el Dr. Ramón Carrillo.
La primer diferencia fue la de la actitud frente a los desafíos.
Mientras la actual ministra Ocaña (contadora de profesión) se justifica, miente, duda, y fracasa mientras el pueblo sufre, el Ministro Carrillo no dudaba en atacar de frente, sin medias tintas a las enfermedades que martirizaban a la sociedad.
En pocos años, se dieron en ese tiempo transformaciones colosales, ya que en sólo ocho años, se construyeron 4229 establecimientos sanitarios en todo el país, ampliando la capacidad hospitalaria en 130.180 camas.
En menos de una década, la tasa de mortalidad infantil descendió de 90 por mil, a 56 por mil, mientras que la tuberculosis, que se llevaba 130 de cada mil argentinos en 1945, diez años después se llevaba 36 de cada mil.
Entre 1946 y 1955 la esperanza de vida al nacer aumentó de 61,7 años promedio a 66,5 , impulsando un criterio totalmente preventivo de la salud pública, encarnada en los centros de salud, a los que definía como “… un conjunto de consultorios polivalentes, con servicio social, visitadoras sanitarias y bioestadística, para captación de enfermos, reconocimiento de sanos y tratamientos ambulatorios, en tanto que la Ciudad Hospitalaria funciona siempre en correlación con uno o más centros sanitarios”.
Erradicó, en sólo dos años, enfermedades endémicas como el paludismo, con campañas sumamente agresivas. Hizo desaparecer prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis y la poliomielitis, y terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis.
Los argentinos debemos saber que el Servicio Nacional de Salud británico, considerado ejemplo de un sistema universal y público, data de 1949. Ya para entonces el sistema público de salud argentino superaba al británico, tanto en recursos aplicados como en resultados obtenidos.
Para éste gran argentino, las dificultades no eran obstáculos insalvables, sino un incentivo más para lograr su objetivo; mejorar la calidad de vida de su pueblo.
Resumía su visión, sosteniendo que:
"Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas".



