
Cuando nos enteramos que Carrefour venía a Tigre, muchos nos alegramos.
Mas competencia, más oferta, probablemente tanto mejor servicio como mejores precios.
Sin embargo gran parte de esta alegría se evaporó con la construcción de una suerte de gran muralla china hecha con bloques de plastico unidos por cadenas de plástico en el medio de la ruta 27. El acceso destruído en ambos sentidos, y una señalización inexistente completan el desalentador panorama.
¿Hay necesidad de hacer siempre la más fácil? ¿Nadie controla a ésta empresa? (personalmente creo que no) ¿Y si es así, por qué no la controlan?
En un extremo del fabulosamente (e injustificadamente) caro camino de los remeros, se le otorgó a una empresa francesa una licencia de corso sobre todos los ciudadanos de Tigre.
Reclamemos. Y pensemos a la hora de votar. En octubre podemos dar vuelta la realidad.
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